Bloqueos.

¿No te pasa que a veces sientes un impulso fuerte de hacer cosas nuevas, de progresar, de avanzar con todo lo que estás haciendo… pero hay algo dentro de ti que simplemente te detiene?

Es extraño. Porque las ganas están. La motivación aparece. Incluso tienes ideas, planes, sueños. Pero al mismo tiempo, surge una especie de peso invisible: una flojera, una pesadez, una resistencia que no sabes de dónde viene exactamente. Es como si tu cuerpo y tu mente se frenaran justo cuando más quieres moverte.

Yo a eso le llamo "bloqueo".

Y no es falta de interés, ni de pasión. A veces, es todo lo contrario: quieres hacer tanto, que no sabes por dónde empezar. Tantas ideas se amontonan en la cabeza que terminan colapsando, y en lugar de actuar, te paralizas. Es frustrante. Quieres iniciar, continuar, avanzar… pero algo te impide hacerlo.

Es una sensación de estar atrapado dentro de ti mismo. Como si las ganas de hacer y la imposibilidad de hacerlo convivieran en el mismo espacio. Y ahí estás tú, en el medio, tratando de encontrar una salida.

A veces, el primer paso no es hacer, sino entender. Reconocer que estás bloqueado ya es parte del proceso. Aceptarlo sin juzgarte, y empezar —aunque sea de a poco— a moverte entre esa niebla. Porque aunque ahora no sepas cómo avanzar, no significa que estés estancado para siempre.

Quizá ese bloqueo no sea un enemigo, sino una señal. Una pausa necesaria. Un espacio para escuchar qué necesita tu mente, tu cuerpo, tu creatividad. Tal vez no sea el momento de forzar, sino de observar.

Y cuando llegue el momento, vas a moverte. No porque hayas vencido el bloqueo, sino porque aprendiste a convivir con él.

Comentarios

Entradas populares